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Me declaro fan de... Benito.

  • mellamanbeth
  • 29 ene 2025
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 16 ago 2025

Ya va, gente, no me volví loca. Ya hace rato vengo marcando el perreo intenso con el Conejo Malo, pero no, tampoco lo comparo con Michael Jackson, porque, primero, son dos cantantes completamente diferentes: géneros, generaciones, etcétera. Pero el pana tiene algo, es tan number one que hasta él se pregunta (obvio, irónicamente, porque él se mira al espejo y lo sabe): ¿Cómo Bad Bunny va a ser el rey del pop? Pero es que, con Nueva Yol, sí que la rompió.

Para mí, está enmantillado. Además del flow, tiene un aire de buena gente, un aura que lo rodea, que hace que uno diga: "¡Naguevona!" Sí, a lo venezolano, porque las tira y las pega, como el celular que lanza afuera del puente, como él mismo dice: con reguetón y dembow.

Pero yo no soy fan de Bad Bunny. No soy fan de Perro Negro o de cuando supe que existía con Tú no vives así, tratando de ignorarlo mientras la escuchaba unas diez veces como copiloto en el carro con aquel grupito del 2016, instalándose en la parte de mi cerebro donde se guardan los ganchos creativos, lo diverso, lo que se queda contigo sin pedir permiso, o bueeeeno, donde se guardan los pasitos del perreo.

Y aquí estoy, recopilando las veces que he perreado sola y me he detenido a escuchar frases que, según muchos, podrían llamarse poesía: libre, de barrio. ¿Tal vez sí? Frases que, si algún cantante de música romántica decidiera adaptar a su estilo transgeneracional, podrían sonar más bonitas que un reguetón. Como cuando Ricky Martin armonizó aquello de: “Y si no puedes llegar aquí, pues cierra los ojos allá. Imagínate que estás aquí, conmigo”.Nooo, esa letra no se arregla ni que vengan los Backstreet Boys a cantarla en anglosajón, pero de que suena bonito, suena.

Eso sí, les aclaro que no estoy hablando de Safaera. Lo digo con todo respeto a quienes disfrutan del “sexo musical”. Porque, al final, para bailar estamos todos. Además, no voy a venir aquí de moralista si en pleno perreo repito la letra mientras intento bajar sin que mis rodillas hagan estragos en la subida.

Las veces que Benito se ha apoderado de mi Spotify, me la gozo. Me armo una rumbita sola frente al computador, como ahorita, ¿qué tú crees?, ¿que no lo tengo de fondo musical mientras escribo esta pendejada? Romantizando mi perreo en la silla, la mismita en donde trabajo de lunes a viernes de 8 a 5 y escucho James Blunt, Lana del Rey y System of a Down para relajarme en mi momento más estresante del día.

Y es que, para mí, Benito apareció con su Tranqui, yo perreo sola, y eso se convirtió en mi himno. Revolucionó una generación, y no digo la mía, que es millennial al 100%, porque ya hemos tenido varios cantantes sin fragilidad masculina. Siendo esta canción aún mi mantra, igual que cuando escribí esa frase en terapia durante la pandemia, como un autorretrato, una declaración feminista de saberme mujer, perfecta como soy, sin estereotipos, con derechos hasta de tomarme una cerveza y bailar sola. Sin importarme los hombres en la disco que pudieran intentar sacarme a bailar: yo perreo sola, y si no, con mis amigas.

Y entonces llega Un verano sin ti. Yo no lo busqué, fue mi mejor amigo quien me lo puso, y lo demás es historia. Me hice fan de Benito escuchando por primera vez un disco completo del mismísimo y haciendo un análisis exhaustivo de cada letra. Entendí al artista que evoluciona, que sí, tiene letras que son bien bochornosas (aquí habla la doña, jajaja), pero canciones como El Apagón me llevan al latinismo de corazón. Me fui de vacaciones retrata lo bueno de la vida, los amigos, la pachanga. Me acordé de esas idas a la playita con los panas, con unas cuantas cajas de cerveza, sangría y ron.

Y si hacemos un recorrido por las canciones, obvio, Andrea está en primer lugar (que tiene su comparación en algunas frases que guardo para mí). Esta canción se convirtió en una de mis favoritas del álbum, junto a Ojitos lindos, que siempre me hace pensar en una dedicatoria para el que esté dispuesto a bailarme y, sobre todo, a verme bailar sola. Por supuesto, Después de la playa, con la sangre latina brincando en las venas y ese merenguito que, justo mientras lo escucho, me pican las piernas para levantarme a bailar. (Obvio lo hice, y con una taza de vino en mi organismo, más todavía. ¡Sí!, vino en taza).

Y es que ahora, con esas combinaciones de música que hace, se la compro. Como el intro de Mónaco en el 2023, con ese toque de trap, pero que ya ni me importa, porque ajá, nadie sabe lo que va a pasar mañana. Antes no me gustaba, hoy sí, ¿mañana quién sabe? Ya hasta se ha vuelto inspirador. Un humano que lo logró y que, aun así, no le debe a nadie. No tiene que andar con pincitas por la vida solo porque es famoso. Y si él no le debe a nadie eso, yo menos.

Así que cierro con DtMF y una reflexión, porque, irónicamente, me ha hecho pensar un millón de veces en algo que debería ser obvio: debí tirar más fotos. Aunque siempre he tomado muchas, sigo creyendo que la mente te puede fallar en cualquier momento y que una foto te ayuda a recordar. Quizás debí tomar más. Más de la calle donde aprendí a manejar bicicleta y a andar en patines de pequeña. Más de las peas de los fines de semana con el grupito de siempre. Más de mi abue, de mi tío Chito, de mis amigos, de mis perros. Aun cuando lo hice, no fue suficiente, sobre todo, nunca fueron suficientes fotos de los que ya no están. No lo supe en ese momento, pero debí hacerlo.

Debí sacar el teléfono, enfocarlo bien y disparar. No una, sino muchas veces. Capturar cada gesto, cada instante en el que la silueta de aquel, aquella o aquello estaba frente a mí. En Navidad. En esas visitas a mis papás en Venezuela desde que me fui del país. Porque, bueno, los míos no se mudaron. Yo fui la que me mudé.

Me convencí de que Bad Bunny no es solo música. No es solo un artista. Es un fenómeno. Es la sensación de cantar con el alma rota y perrear al mismo tiempo, si te pones de analista musical mientras mueves las piernas. Es gritar Yo perreo sola y sentirlo como un manifiesto de libertad. Es bailar en la sala del apartamento mientras suena Después de la playa, Baile inolvidable, Café con ron, porque el guaguancó te lleva sin preguntar.

Así que bueno… así me declaro fan de Benito.


Att. Beth Intensa y Media



 
 
 

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