El libro en donde recogí pedazos de otra, y los hice míos.
- mellamanbeth
- 14 ago 2022
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 16 ago 2025

“Si un libro no te hace vivirlo como si fueras tú mismo, ahí no es”
¿Qué hacer con estos pedazos?
No, no con mis pedazos, aunque tengo muchos, y ya habrá momento para hablar de ellos. Esta vez quiero empezar con una reflexión sobre el libro de Piedad Bonnett, titulado precisamente así. Piedad, escritora y poeta colombiana, me llamó la atención gracias a un post de una amiga lectora que, maravillosamente, también disfruta de “escribir”. Sentí que, de algún modo, un pedacito de cada una de nosotras se encontraba en esa recomendación.
Comencé a leer el libro en mi segundo viaje a Bogotá, cuando fui a cuidar a una amiga recién operada. Fue en ese silencio nocturno, con la lectura como compañía, cuando me encontré reflexionando profundamente. Al terminarlo, me quedé con muchas preguntas. Aunque Piedad ofrece una sincera despedida a Emilia dentro de sus páginas, para mí nació la necesidad de verla ir más allá: de unir todos los pedazos de su vida o, en definitiva, decidir qué hacer con ellos.
Esta lectura me llamó a mirar de frente las realidades que hombres y mujeres afrontamos. A veces creemos que debemos soportarlo todo, por exigencia social. El hombre, visto en una sociedad machista como el fuerte, el invulnerable, el que no llora. La mujer, por otro lado, silente; muchas veces aquella que ama demasiado, que se entrega tanto como para olvidarse de sí misma, queriendo salvar al mundo o, al menos, a quienes ama. Me hizo pensar en cuán tóxicos pueden ser ciertos vínculos: un familiar, un matrimonio, incluso una vida aparentemente estable. Y entonces surgen las preguntas: ¿A qué costo? ¿Vale la pena? ¿Valió la pena? ¿Somos realmente seres capaces de todo? ¿O es la sociedad la que nos ha entrenado a ponernos una coraza de cristal, frágil pero visible, que nos permite mostrarnos sin desmoronarnos demasiado rápido?
Con Emilia me identifiqué mucho. Ella es una mujer llena de sueños, que los fue dejando a un lado como esos libros que esperan ser leídos. Por vivir en una zona de confort, dejó de abalanzarse hacia aquello que la movía. En cada relación había ausencias, palabras vacías o cargadas de todo menos de lo que esperaba. Así, a los 64 años, su vida parecía un tren en marcha imposible de detener, aunque lo deseara.
En ella vi una mujer que fue apagando su propósito al no sentirse escuchada. Una mujer que entregó pedazos de sí a quienes amaba, para no sentirse sola, para formar parte de algo, para tener un objetivo, incluso cuando las respuestas eran estériles. Y en ese camino, como causa y efecto, el destino fue moldeando su andar. Llegado el momento, sus vivencias la empujan a preguntarse si todo ha valido la pena y si aún hay tiempo de tejer lo que queda conociéndose a sí misma.
Es una lectura estremecedora, como muchos han dicho. Te abre los sentidos y te invita a ponerte en los zapatos de Emilia: a sentir su fragilidad, su vulnerabilidad y, a la vez, su fuerza contenida. Una fuerza que te hace querer gritar con ella: “¡Manda todo al carajo!” o verga, coño, porra, como prefieras decirlo, tomar el primer avión a una isla y dedicarse a disfrutar la vida.
Con este libro, Bonnett me dejó una pregunta latente: ¿Qué hago con mis pedazos? Porque sí, toda vida es imperfecta, y cada quien que la habita también lo es. ¿Valdrá la pena entonces? Yo creo que sí. Reconocernos a nosotros mismos, con todos nuestros fragmentos, vale mucho más. Aunque, claro, el cómo unirlos o abrazarlos, ya es tarea de cada uno.
Beth.


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