A veces escribo, y otras veces... solo existo.
- mellamanbeth
- 18 nov 2024
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 16 ago 2025

Estos días mi cabeza ha sido un ruido constante, como si una vocecita invisible, entre calmada y nerviosa, se dedicara a sembrar dudas: ¿Y si no sé escribir? ¿Y si mi forma de hacerlo no despierta interés?
Y ahí estoy, con el cursor titilando, los dedos a veces inertes ante la pantalla del cel, o el lápiz inmóvil encima del cuaderno destinado a los pensamientos volátiles que tengo de vez en cuando, peleando contra mis propios fantasmas. A veces intento convencerme de que mis palabras no tienen suficiente peso, que mi voz no llega a donde quiero. Sí, me siento una impostora… síndrome del impostor le dicen, retrasando ese sueño de ser leída, de emocionar con lo que escribo o, al menos, emocionarme.
Pero, a pesar del drama, hay algo alterno en mí que no se rinde. Como un rayito testarudo que insiste diciéndome: “Escribe. Déjalo salir. Hay magia en lo que haces, aunque no lo veas ahora. Eres buena escribiendo, buena dejando tu corazón en cada línea”.
Entonces, aunque dudo, no quiero acostumbrarme a pensar que el arte no es para mí, porque lo siento en lo más profundo. Pienso que escribir es escarbar en las entrañas, es dar forma al deseo de ser, de conectar, de dejar huella. Tal vez nunca escriba un bestseller, pero eso no me detiene. Escribir es un acto de amor hacia mí misma y hacia quienes, con generosidad, se encuentran con mis palabras.
Así que aquí estoy, hablándole a ese sueño alocado de ser leída. Le digo que sigan viniendo esos personajes, esas historias que vibran dentro de mí, esperando ser contadas. Porque, al final, las letras tienen algo hermoso: trascienden. Ellas viven en un cuaderno olvidado, en las notas del celular, en un documento guardado en Google Drive, en la ilusión de un libro leído y por leer, o en un rincón de la web donde alguien, algún día, puede encontrarlas y hacerlas suyas.
Manifestando que escribir es mi manera de gritarle al mundo que existo. Que con ello le doy gran valor a mis palabras, y sentido a los sentimientos que emergen o que, muchas veces, están muy dentro.
Att. Me llaman Beth


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